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S P E C I E S > J A
B A L Í |
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Sus
scrofa- Jabalí
En
el bosque eas brumas corren las
grandes piaras de jabalís.
Con gran adaptabilidad, en verano
se refugian en los bosques de montaña
de donde vuelve a finales de otoño
buscando los frutos de los bosquecillos.
En todos los relieves y ecosistemas
de Rumanía podemos encontrar
al jabalí como animal común,
desde los bosques de coníferas
donde tienen comida abundante, hasta
las grandes umbrías de los
robledales y en el delta del Danubio
entre los juncales, aunque su mayor
densidad se encuentra en la zona
de media montaña y las riveras
de los ríos.
Su tradicional resistencia, así
como el escaso número de
depredadores, su agresividad en
condiciones límite, su prudencia
y su poca selectividad en el consumo
de comida, explican su alta reproducción
y plasticidad ecológica.
Este elevado crecimiento natural
hace necesario mantener una población
óptima, pues los problemas
de superpoblación suponen
graves quebraderos para la agricultura.
El final del otoño añade
una variante con el blanco de la
nieve, que ofrece con los grandes
grupos de jabalís un espectáculo
y una partida de caza plena de dinamismo
y emociones con el sabor más
auténtico.
Los
bosques de hayas se extienden por
las montañas ofreciendo comida
abundante para los animales y protección
para el invierno. Los jabalís
son los que más aprecian
estos frutos silvestres. Los animales
más viejos saben, por experiencia
, que los lugares con comida abundante
son los más peligrosos. Son
los mayores también los que
hacen guardia mientras los más
jóvenes comen.
Como el oso, el jabalí, es
impredecible, resistente y tenaz
ofreciendo momentos emocionantes
e inolvidables de caza.
Además del jabalí
plenamente salvaje, también
existen en Rumanía complejos
cinegéticos como el Rusciori
en Slatinae gestionado por AGVPS
o el de Mozacu en Pitesti, dependiente
de la dirección de Medio
Ambiente de Costesti (Arges) que
ocupa 430 hs y fue creado en 2002
para la reproducción intensiva
de jabalí.
Trofeos:
En Rumanía se están
registrado grandes trofeos, rondando
de media los 150 kg, llegando en
algunos casos a superar los 250
kg. El record de Rumanía
esta en 144 CIC situándose
los 10 primeros por encima de los
137. Lo que superan los 200 kg de
peso no son una novedad en ningún
rincón de Rumanía.
Los cazadores se cuentan historias
y se animan unos a otros después
de las emociones de la caza del
jabalí, pudiéndose
mirar ahora como verdaderos hombres.
Los colmillos se gana la admiración
de todos pues con seguridad a su
lado figurará una medalla
de oro y se convertirá en
leyenda más allá de
este documental cinegético.
Temporada
de caza:
Del 1 de agosto al 15 de febrero.
Modalidades
de caza:
Batida y espera. Recechos en los
periodos de nevada. En Rumanía
se practican fundamentalmente batidas,
con perros especializados especialmente
los “copouil” de Ardeal.
Los grupos de jabalís surgen
en las batidas invernales, intentando
ocultarse entre los bosques densos
y la nieve alta, yendo a parar a
menudo a las posiciones de los cazadores,
aunque las hembras que dirigen la
piara suelen detectar el peligro
y hacen girar el grupo. Este momento
en que las armas se quedan mudas
es parte también de la belleza
de la cacería. Los machos
de colmillos grandes como puñales,
ponen en dificultad en muchas ocasiones
a los cazadores y los perros. Solo
quien no sabe bien lo que es una
cacería puede dejar de valorar
el espíritu de la lucha con
esta fuerza desatada de la naturaleza
que es el jabalí. La aparición
de grandes ejemplares en estas sesiones
está lejos de ser una excepción.
Las batidas no comienzan ni acaban
hasta que suena el cuerno, símbolo
desde tiempo inmemorial que relaja
los nervios del cazador que ha mantenido
el dedo en el gatillo. Animal precavido
y resistente, el jabalí es
un luchador tenaz que puede atacar
a perros y hombres en caso de peligro.
Un jabalí herido es un peligro
para el cazador. Por esto, enfrentándose
a la tensión, el cazador
tiene que calcular bien su disparo
para que sea preciso y decisivo.
La resistencia del jabalí
y su físico macizo le confieren
un escudo que le permite bañarse
en las fías aguas invernales.
Por eso no debemos sorprendernos
de qeu después de un disparo
siga luchando, por lo que la agilidad
de los perros es determinante para
su captura sin que sufran daño.
La batida se acerca y los ruidos
de perros y hombres rompen loas
grandes piaras de jabalís
que, como fantasmas, corren hacia
los observatorios. El sonido de
las armas truena contra la nieve
y el lomo del jabalí. Para
el cazador, en su puesto, cualquier
animal, cualquier sombra significa
emoción. En el bosque, tras
un árbol o en un observatorio,
el cazador se transforma en una
caja de resonancia del espectáculo
cinegético. Los ruidos de
los jabalís, los perros,
el de los primeros disparos que
suenan en los grandes bosques, se
amplifican despertando todos los
sentidos del cazador.
Un macho solitario aparece con un
grupo de perros a su espalda. Las
huellas de esta cacería son
un cuadro cinegético de un
valor inestimable. El gran macho,
que buscaba su huida, se convierte
en víctima segura que cae
fulminada a través de la
nieve.
En el fondo del bosque, después
de los últimos disparos,
los jabalís se reagrupan
y en primavera se recuperarán
las bajas sufridas en al cacería.
En Rumanía se permite la
caza del jabalí solo con
proyectil único de al menos
un calibre 6.5x57. El uso de postas
para la caza mayor, en este caso
para el jabalí, está
prohibido y puede tener consecuencias
graves en lo legal y en lo cinegético,
pues se pueden causar grandes daños
a la caza, siendo habitual dañar
así los trofeos y provocarles
grandes sufrimientos a los animales.
Cazar sin ética ni responsabilidad
puede provocar mucho dolor al animal.
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